Bol blanco con cerezas negras

¿Conoces la cereza negra? Os hablamos de  su origen, cómo plantarla y sobre su conservación. Se trata de una de las primeras frutas de hueso del verano. Es menos carnosa y tiene una piel más delicada que sus hermanas, las Primulat, Burlat, que se cultivan en el Valle del Jerte, y otras cerezas rojas.

 

Origen de la cereza negra

Fue introducida por los romanos, en Europa, desde Turquía. Y se cultivaron durante toda la Edad Media. Más tarde, durante el reinado de Luis XV, en Francia, se produjo la cereza negra manera intensiva para cumplir la demanda del rey. La fruta fue ascendida al rango de fruta real, compitiendo con las fresas, a las que el “Rey Sol” había dado sus cartas de nobleza.

 

Condiciones de plantación

La cereza negra procede del Prunus Avium. Se trata de una especie nativa europea y que es cultivada en lugares de climas templados. En estas condiciones es donde lograremos el mayor desarrollo de las plantas.

Estos cerezos pueden llegar a alcanzar los 30 metros de alto, con una corteza lisa. Se trata de una especie muy resistente y que puede ser plantada en espacios claros. Es especialmente sensible a heladas y sequías, por lo que, si vivimos en zonas con estas características, hay que tener especial cuidado con el árbol. Para el regado, es importante tener en cuenta  la variedad concreta, para efectuar un riego correcto. Respecto al abonado, deberemos usar abonos ricos en potasio y nitrogenados.

España, Francia, Alemania o Italia son lugares ideales para su plantación.

 

Conservación y consumo de cerezas y cerezas negras

En general, las cerezas tienen poca vida útil. Son frutas que pueden consumirse durante un breve período de tiempo una vez arrancadas del árbol. Como con toda la fruta, debemos lavar las cerezas, negras o rojas, concienzudamente y asegurarnos que no tengan roturas. También comprobar que el tallo esté bien unido a la fruta y que no presenta imperfecciones, excepto en el caso de las picotas del Valle del Jerte, variedades que dejan el pedúnculo en el árbol y que hay que distinguir de las cerezas desrabadas manualmente. La única forma, nuestro sello de calidad.

Lo mismo que el resto de cerezas, es aconsejable guardarlas en un lugar fresco (como la nevera) sin lavar y sin cubrir. También es importante saber que se trata de una fruta que admite muy bien la congelación.

En general, las cerezas se consumen frescas. Un puñado facilita el aporte de fibra, vitaminas y minerales. Sin embargo, también podemos añadirlas en ensaladas o preparar un delicioso zumo con ellas. Si os animáis también podéis elaborar mermeladas, pasteles, bizcochos, helado o yogurt.

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