Sin lugar a dudas, el cerezo japonés es uno de los árboles más hermosos que podemos encontrar. Su nombre es Sakura, que significa, indistintamente, árbol o flor de cerezo. El propio nombre nos da idea de su significado para los japoneses. La palabra está formada por Saku, que significa florecer o sonreír y por la terminación del plural ra.

Como comentamos en otras entradas, la flor del cerezo es una flor primaveral. Nos recuerda el paso del tiempo y lo fugaz de la vida. Por ello, los japoneses admiran la flor del cerezo, que asocian con la sangre derramada por los samuráis en batalla, cuya vida podía ser fugaz.

En Japón encontramos tres ejemplos principales de la devoción que sienten por este árbol. El Miharu Takizakura, situado en Fukushima, con más de mil años de antigüedad. Usuzumizakura, situado en Motosu, prefectura de Gifu, que cuenta con más de 1.500 años. Y, finalmente, Jindai Zakura, el cerezo más antiguo de Japón. Con entre 1.800 y 2.000 años, se encuentra en la cuidad de Hokuto.

 

Características

El nombre científico de este cerezo es Prunus Serrulata. Es un árbol imponente, que puede alcanzar  los cinco metros de altura: cuatro en la copa y tres en el tronco. Este último es de color rojizo, como los cerezos europeos, cuenta con unas hojas redondeadas, que irán cambiando de color con la estación y, lo que más llama la atención, su flor. De color rosa, blanco y púrpura, que llena sus ramas en primavera.

 

Clima y suelo

Puede plantarse en, casi, cualquier suelo, además de no necesitar demasiados cuidados. Lo principal que debemos saber es que prefiere un clima templado, sin grandes heladas, que podrían afectar a su crecimiento. Además, se adapta bien a los diferentes suelos, pero es necesario que drene adecuadamente. Su lugar ideal son los suelos húmedos y fértiles.

 

Cuidados

El sol es uno de los factores más importantes para el crecimiento del cerezo japonés. No es necesario para que se desarrolle, pero cuanto más sol, mayor será la floración. Es un árbol que hay que podar de vez en cuando, teniendo cuidado de no cortar grandes ramas, puesto que esto podría afectar a su salud.

Por otra parte, se trata de un árbol sensible a las plagas, que hay que cuidar de pulgones, ácaros, orugas, babosas y caracoles, entre otros. A pesar de que el cerezo japonés no suele dar frutos, también hay que protegerlo de las aves, que se posarán para hacerse con ellos.

Teniendo en cuenta todo lo comentado, se trata de una opción ornamental, espectacular para nuestro jardín. Si contamos con un sitio soleado donde plantarlo, nos dará belleza todo el año, con sus cambios de color y tonalidades. Además de combinar excelentemente bien, con otras especies vegetales.

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