Los chozos de El Torno, otra muestra de la arquitectura serrana del Valle del Jerte

El Valle del Jerte se caracteriza desde el punto de vista arquitectónico por sus edificaciones serranas y de montaña. También por el uso de la piedra, por ejemplo, en los bancales sobre los que se asientan sus cerezos. El granito y la pizarra son fundamentales. Su uso en las construcciones de agricultores y cabreros ha dejado una huella genuina, y es hoy uno de los atractivos etnográficos de esta tierra. Por eso, os invitamos a hacer un recorrido por los chozos de El Torno. Son edificaciones singulares, construidas como lugar de abrigo o almacenamiento por las comunidades pastoriles locales.

Los chozos de El Torno son un símbolo de una economía humilde, destinada a generar productos agropecuarios para los núcleos urbanos próximos, como las ciudades de Plasencia o Cáceres. Eran refugios que los cabreros construían en la montaña, en piedra seca. Les servían no solo como morada, sino como hábitat para desarrollar su labor. Constituyen habitáculos de paredes irregulares, que se van cerrando hasta formar una falsa cúpula. Tienen también una salida para humo a modo de óculo central o laja granítica agujerada en el centro.  chozos de El Torno 2

Las construcciones más antiguas cuentan con unos cuatro metros de diámetro interior y otros tantos de altura. Y se distribuyen en una única habitación. Estaban pensados como refugio temporal o permanente. Los destinados a guardar animales, más sencillos, podían ser un simple amontonamiento de piedras, formando un espacio abovedado.

 

Más de 200 chozos en el Torno

Actualmente, El Torno cuenta con alrededor de 200 chozas de piedra catalogadas. De estas, unas 140 estarían todavía en perfecto estado, según el censo de la Asociación de Jóvenes de la Comarca del Jerte, del año 2005.

Al tener un uso agrícola, algunas aparecen aisladas en campos de cultivo. Otras, de uso ganadero, se localizan junto a la majada para las cabras. A nivel de ocupación, en tiempos de penuria,  llegaron a usarse como vivienda habitual por los ganaderos.

Hoy día, todavía quedan chozos en uso en El Torno. Se emplean para guardar aperos de labranza. Por ello, en algunos casos, han sufrido transformaciones.

En el propio núcleo urbano de El Torno se ubican varios, en fincas privadas, que pueden observarse exteriormente. También existen rutas serranas, enfocadas a disfrutar de estas construcciones características. La mayoría se ubican en las estribaciones de la Sierra de Gredos, en los Montes Tras la Sierra y en el paraje conocido como Las Vaquerizas.

También en otras comarcas extremeñas

La Asociación por la Arquitectura tradicional extremeña realizó en su momento una catalogación de chozos extremeños. Su trabajo puedo consultarse en Piedras con raíces. La revista de la arquitectura vernácula extremeña. La clasificación realizada recoge cuatro tipologías de chozos, según sus características.  Hay chozos elaborados íntegramente con materiales vegetales perecederos, muchos perdidos; con paredes de piedra, cercado y cubierta vegetal; construidos íntegramente en piedra y cerrados con falsa cúpula, como los de El Torno, o con paredes de piedra y otros materiales, con techumbre de teja.

 

Una larga tradición local

Pablo Muñoz Regadera, experto local, vincula en una publicación digital la tradición pastoril de la comarca, con sus construcciones típicas, a la Edad Media. Cuando Alfonso VIII funda ciudades y liberas tierras, concede “datas”, con la finalidad de que se ocupen los campos salvajes con gentes sin recursos propios. En ese momento, el Valle del Jerte sería un gran baldío, con bosques caducifolios y abundante caza. A este territorio llegarían, con el avance de la expansión cristiana, montañeses del norte peninsular a las tierras conquistadas a los musulmanes. Se establecen en el fértil valle del río Xerete, con un modelo de vida artesanal y rudimentario. Llegan también alarifes de territorio del actual Portugal, conocedores del trabajo de la piedra. Estos pedreros incorporan técnicas primitivas, que enlazan con las empleadas por los pueblos celtas, que también habitaron el norte cacereño, como atestiguan el castro de Romanejo o el de los Riscos de Villavieja, pasado que puede rastrearse en el Centro de Interpretación Cimbra de Casas del Castañar.

Además de influir en construcciones como los chozos, los pedreros de Portugal abancalan las laderas de la montaña con la técnica de la piedra seca para explotarla agrícolamente. Los primeros ocupantes de El Torno se establecieron en las faldas medias de la montaña, donde encontaron las tierras más aptas para el cultivo. Constituyeron una población, cuyos habitantes se desplazaban en determinadas épocas del año a las tierras de cultivo o pastoreo obtenidas mediante las “datas” de los señores placentinos.

chozo PiornalEn el siglo XVIII, aparece la enfermedad de la tinta, que destruye los bosques de castaño. El hambre creciente y la presión demográfica llevan a muchos campesinos a roturar nuevas tierras, en zonas más altas. Se asientan en ellas varios miles de campesinos, que levantan numerosas chozas para refugio de familias y animales, subsistiendo en una economía primitiva.

 

El núcleo de El Torno

En el siglo XIX, aparece el término de El Torno, que se desarrolla hasta mediados del siglo XX, incrementándose el número de chozas y apareciendo aquellas más solitarias en zonas de cultivo, destinadas a aperos o ganado.

En la actualidad, además de la catalogación o las rutas paisajísticas, otra forma de poner en valor estas estructuras son distintos modelos de alojamiento rural inspirados en ellas. Por ejemplo, modernos sistemas de glamping elaborados en piedra y con techos transparentes para contemplar las estrellas y disfrutar de un entorno exento de contaminación lumínica.

Por otra parte, el municipio de Piornal, el más alto de la comarca y de la comunidad, cuenta con un mirador y un parque, que alberga reproducciones de chozos, en este caso, rematados con techumbre vegetal, como el de la imagen.