sakura,

El paisaje blanco que los cerezos en flor dejan en primavera quizás sea uno de los más espectaculares que la naturaleza ofrece cada año. Alrededor de todo el mundo se celebran fiestas en honor a este árbol, cuya floración marca el inicio de la primavera y el final de la estación fría. Muchas son las comarcas, ciudades, villas y valles donde la flor del cerezo se recibe con júbilo, música y comida.

Despertar del Valle del Jerte

El Valle del Jerte, en el norte de Extremadura, es uno de los enclaves más visitados de España durante la floración del cerezo. Dura entre 10 y 15 días, dependiendo de la climatología, y anuncia no solo la llegada de la primavera, sino también la inminente aparición en los mercados de las famosas cerezas y picotas del Jerte. Cada año, el Valle del Jerte rinde homenaje a este acontecimiento en su Fiesta del Cerezo en Flor, declarada de Interés Turístico Nacional. Además, el programa de la celebración se complementa desde hace años con dos estadios que reciben y despiden la fiesta: el conocido como el Despertar del Valle y la Lluvia de pétalos. El primero anuncia que los más de dos millones de cerezos del Valle del Jerte están a punto de florecer. El segundo, ofrece otro espectáculo único: las flores que adornaban los cerezos durante la floración se desprenden de los árboles y tiñen la comarca de un manto blanco que permanece unos días.

Sakura, el cerezo en flor japonés
Japón encabeza esta lista, ya que el cerezo en flor, denominado sakura, es uno de sus símbolos nacionales, y el hanami una de sus festividades más representativas. Cada año, al llegar la primavera y cuando los cerezos están en su máximo esplendor, los japoneses se reúnen con su familia o sus compañeros de trabajo para realizar una comida al aire libre y contemplar los cerezos en flor. Así que, si visitas Japón en primavera, no solo disfrutarás de un espectáculo natural en toda regla, si no que podrás conocer una de sus tradiciones ancestrales más arraigadas.

Washington y el alcalde de Tokio
Otra tradición, no tan ancestral, pero que se lleva celebrando desde mediados de los años 30 es el Festival Nacional de los Cerezos en Flor de Washington D.C. Este evento conmemora el regalo que el alcalde de Tokio, Yukio Ozaki, hizo a la capital de los Estados Unidos en 1912 para celebrar la amistad entre los dos países. A comienzos de la primavera, en la ciudad capitalina se produce una explosión de música y flores blancas para celebrar la llegada de la nueva estación y recordar aquel acontecimiento histórico.

Cerezos en honor al almirante
Aunque el país asiático más vinculado con el cerezo es Japón, muchas localidades surcoreanas celebran la llegada de la primavera y de los cerezos en flor. La festividad primaveral más conocida, que atrae a casi dos millones de turistas, en Corea del Sur es el Festival de Gunhang en la ciudad de Jinhae, que se celebra en honor del almirante Yi Sun-sin quien libró múltiples batallas contra los japoneses. Dejando a un lado el personaje histórico conmemorado, los miles de cerezos en flor deja imágenes increíbles en Jinhae.

Más allá de los fiordos
Aparte de los fiordos y auroras boreales, Noruega puede presumir de algunos de los paisajes naturales más impresionantes del mundo. Y es que el Handargerfjord, además de con una difícil pronunciación, cuenta con una enorme extensión de cerezos en flor que hacen juego con el blanco de las cumbres montañosas. Aquí te dejamos un vídeo donde puedes ver el cerezo en flor, las montañas nevadas y las típicas casas nórdicas. Eso sí, te aconsejamos que siempre es mejor verlo en vivo.

Canadá y los cerezos, un idilio
Desde finales de marzo y a lo largo de abril, se celebra en Vancouver el Festival del Cerezo, una celebración vinculada, una vez más, con Japón y en la que también los canadienses se atreven con los kimonos y el hanami. El idilio entre los canadienses y los cerezos comienza en los años 30 cuando dos ciudades japonesas, Kobe y Yokohama, donan 500 cerezos a Canadá para honrar a los canadienses de origen japonés caído en la Primera Guerra Mundial. Más tarde, en 1958, el cónsul japonés donó 300 ejemplares más, y desde entonces el cerezo se ha convertido en el árbol favorito de los habitantes de Vancouver.

google-site-verification=3VgS77SlnRVi9TEYQ-5djZtZbrQCHNi_T33at7DnoUI google-site-verification: google2e614e24d00626ec.html