Vecino al Valle del Jerte, el Valle del Ambroz, esconde entre sus tesoros una localidad de gran riqueza histórica y cultural: Hervás, testigo de la presencia del pueblo judío en el norte de la provincia de Cáceres.

Hervás destaca por su barrio judío, uno de los mejor conservados del país. Está incluido en la Red de Juderías de España y declarado conjunto histórico-artístico. Su casco histórico componen casas de adobe y madera, que conforman calles irregulares, destacando por su especial singularidad las casas de la zona baja de la villa.

El municipio tiene su origen en el siglo XII y surge en torno a una ermita situada en la ribera del río Santihervás y construida por monjes templarios. Un siglo después se edificó un castillo, en torno al que fueron asentándose diversas familias, siendo ya en el siglo XV cuando llegó a la localidad de Hervás una importante comunidad judía, que se dispuso junto al río Ambroz.

Los judíos de Hervás se dedicaron a oficios artesanales, además de ejercer el préstamo con interés. Había en la villa tejedores, lenceros, cardadores, manteleros y pañeros, además de un médico, Rabí Simuel, que ejerció también como notario y arrendador del obispo de Plasencia y Coria, y que promovió la construcción de una sinagoga en la localidad.

Junto a esta sinagoga, se extendía una importante zona de huertos y, probablemente, en las inmediaciones estaba también el cementerio judío de Hervás. Había además en el pueblo carnicería, panadería, bodegas, granero y secadero, además de un mínimo de infraestructuras para posibilitar la vida intelectual y la educación que prescribía el Talmud.

Un total de 40 familias llegaron a conformar la comundiad judía de Hervás, que tras el decreto de expulsión dictado por los Reyes Católicos en 1942, quedaron reducidas a 14.

Además de su barrio judío, resultan de interés en Hervás la iglesia de San Juan Bautista, que pertenece al antiguo convento de los Padres Trinitarios; la Iglesia de Santa María; el Palacio de los Dávila, de estilo barroco, o la sede del Ayuntamiento, construcción de finales del siglo XVII o principios del XVIII, que acogió la enfermería del Monasterio Franciscano de la Bien Parada.

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